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Balanza de laboratorio

Las balanzas, en general, son instrumentos de gran utilidad para conocer el peso de las mercancías o de los productos que se expenden a granel. Las balanzas de laboratorio, en particular, son instrumentos de medición indispensables que deberías conocer mejor.

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Usos y requerimientos

En los laboratorios resulta esencial conocer con exactitud el peso de cuerpos o sustancias. Se trata de datos imprescindibles para los procesos analíticos y para las operaciones químicas en las que las cantidades de los componentes deben ser precisas. También se utilizan para las formulaciones farmacéuticas y para los procedimientos de control de calidad.

Uno de los aspectos decisivos para lograr estos objetivos es la calibración. Es necesario que el laboratorio trabaje conforme a un sistema de calidad y que los equipos sean calibrados por una empresa externa de forma periódica. El personal técnico a cargo de las mediciones debe contar con entrenamiento especializado.

Tipos de básculas de laboratorio

Las básculas se dividen en dos grandes grupos: las mecánicas y las electrónicas.

Balanzas mecánicas

Emplean la gravedad y son las que habrás visto muchas veces. Se subdividen en:

– De pesa deslizante

Movilizan dos masas de peso conocido que se desplazan sobre dos escalas, una macrométrica y la otra micrométrica.

– De plato superior

La carga se coloca en un platillo que trasmite el peso a una columna vertical a la que dan soporte dos guías. Realizarás la lectura del peso cuando las guías estén paralelas.

– De resorte

La fuerza ejercida sobre la balanza genera la elongación de un resorte. Obtienes el resultado multiplicando la elongación y la constante de elasticidad. Estas balanzas se usan con frecuencia para pesar maletas.

– De sustitución

Es una balanza bastante precisa y de platillo único, donde se coloca la masa a medir. En la contraparte se van retirando las masas de magnitud conocida hasta lograr el equilibrio.

Balanzas electrónicas

Este tipo de instrumento es cada vez más empleado por su precisión y facilidad de uso. Por ello, las verás cada vez con mayor frecuencia. Funcionan con un único platillo en el que se coloca el peso y miden las fuerzas ejercidas sobre ellas. En caso de necesitar mediciones muy exactas deben ser calibradas teniendo en cuenta el nivel de gravedad del lugar.

Este se transmite hacia un sistema de palancas o guías. Mediante este mecanismo la fuerza ejercida es transferida a un transductor de medida o celda de carga, que genera cambios de voltaje en un circuito electrónico. Igualmente, puedes encontrar las que operan con base a un sistema electromagnético donde la fotocelda identifica el nivel del platillo.

Clasificación según la precisión

La exactitud en la medida es muy importante cuando se trata de cantidades pequeñas, como las que se utilizan en los laboratorios. Por ello, has de saber que la Organización Internacional de Metrología Legal (OIML) clasifica las balanzas en cuatro grupos. Ahondamos en ello a continuación.

Balanzas de exactitud especial

Son capaces de detectar variaciones de 0,001 gramos o menos. Se subdividen en varios tipos, como las ultramicroanalíticas, las analíticas y las semianalíticas.

Balanzas de exactitud alta o fina

Su precisión alcanza los 0,1 o 0,01 gramos. Se subdividen en dos tipos:

– Granatarias, con una capacidad de 10 a 30 kilos y una precisión de 0,1 gramos.

– De precisión, con una capacidad menor, de 3 a10 kilos, o una exactitud de 0,01 gramos.

Balanzas de exactitud media y ordinaria

Las primeras son balanzas capaces de detectar variaciones de peso de entre 1 y 5 gramos. Las segundas, menos sensibles, detectan variaciones de 5 gramos o superiores. No son las que más se utilizan en los laboratorios.

En definitiva, las balanzas de laboratorio son instrumentos de medición indispensables para lograr procesos de calidad. Por ello, resulta conveniente que las conozcas bien y que te ciñas a los estándares de calibración.